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Historia
30/Agosto/26
Su célebre aeronave roja lo convirtió en una figura inmortal de la Primera Guerra Mundial, pero la verdadera historia de Manfred von Richthofen es mucho más compleja. De sus inicios fallidos en el aire a la secuela neurológica que alteró su juicio, un repaso por la trayectoria del piloto más temido de Europa y el inédito respeto que le rindieron sus rivales tras su último vuelo.

Manfred von Richthofen, conocido mundialmente como el "Barón Rojo", fue el piloto de caza más famoso y letal de la Primera Guerra Mundial. De origen aristocrático prusiano, logró 80 victorias aéreas confirmadas entre 1916 y 1918, convirtiéndose en el "as de ases" del conflicto. Su apodo nació por el color carmesí brillante con el que pintaba sus aviones y por su título noble de Freiherr (Barón).
Nació en 1892 en el seno de una familia aristocrática prusiana en Breslau (actual Polonia). Educado para la vida militar, inició la Primera Guerra Mundial en 1914 como oficial de caballería. Sin embargo, la rápida llegada de la guerra de trincheras dejó obsoletos a los jinetes, relegándolo a tareas de suministros. Frustrado, solicitó su traslado a la aviación con una frase célebre: "No he venido a la guerra a recoger quesos y huevos".
"Le escribí a mi General una carta diciendo: 'Mi querido Excelencia, no he ido a la guerra a recoger queso y huevos, sino con otro fin'. Al principio, los de arriba quisieron regañarme por mi tono. Pero luego cumplieron mi deseo. Fue así como me uní al Servicio Aéreo a finales de mayo de 1915".
-Der rote Kampfflieger (1917). Libro escrito por Manfred von Richthofen.
Su inicio en la Luftstreitkräfte (Fuerza Aérea Alemana durante la Segunda Guerra Mundial) en 1915 no fue prometedor: reprobó su primer examen de vuelo tras estrellarse. Su destino cambió al conocer al as Oswald Boelcke, quien lo reclutó para el Jasta 2. Bajo su disciplina, Richthofen logró su primera victoria confirmada en septiembre de 1916. Para 1917, al mando del Jasta 11 y posteriormente del célebre "Circo Volador" (JG 1), su liderazgo e implacable precisión táctica lo convirtieron en la máxima figura de la aviación militar prusiana.
El trauma que cambió su conducta

El 6 de julio de 1917, durante un combate sobre Flandes, una bala de un F.E.2d británico le rozó el cráneo. La herida le provocó una ceguera temporal e inhabilitó sus mandos, pero logró aterrizar de emergencia.
Aunque la versión oficial alemana vendió una recuperación milagrosa, el impacto le dejó secuelas neurológicas permanentes: daño cerebral, migrañas severas y náuseas tras cada vuelo. Más allá de lo físico, su personalidad cambió drásticamente. El piloto frío y metódico, que jamás arriesgaba sin ventaja táctica, se volvió apático, depresivo e impulsivo. Médicos e historiadores coinciden en que nunca debió volver al combate.
Esta pérdida de juicio táctico culminó el 21 de abril de 1918 cuando, rompiendo sus propias reglas, persiguió a un novato a muy baja altura e ingresó profundamente en territorio enemigo, donde un único disparo fatal en el tórax —proveniente de ametralladoras australianas en tierra— acabó con su vida.
Un enemigo honrado por sus rivales

A pesar de la propaganda de guerra que demonizaba al bando alemán, la figura de Richthofen gozaba de un respeto absoluto entre los aviadores aliados. Tras el impacto de su aeronave cerca del río Somme, las fuerzas australianas recuperaron su cuerpo con total solemnidad.
El 22 de abril de 1918, el Escuadrón N.º 3 del Australian Flying Corps le rindió un entierro con honores militares completos en el cementerio de Bertangles. Seis capitanes sirvieron como portadores del féretro, se dispararon tres descargas de fusil al aire y se colocaron coronas de flores con inscripciones dedicadas a su "galante y noble enemigo".
El evento fue fotografiado y filmado, y los folletos del entierro fueron arrojados desde aviones aliados sobre las bases aéreas alemanas para notificar formalmente la caída de su comandante.
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